Siempre hay una historia detrás de mis fotografías. Eran las 4:20 de la tarde y faltaban tan solo 10 minutos para la ceremonia. Siempre estos momentos finales de los preparativos están llenos de nerviosismo y en muchos casos de imprevistos. El coche aún no llegaba, la madrina no sabía cómo iría hasta la iglesia, la novia empezaba a preocuparse, su padre junto a su tía intentaba que todos mantuvieran la calma y su abuela, desde que salieron de la habitación del hotel, se dio a la tarea de proteger el vestido a toda costa y contra todo peligro.

Una fotografía que representará algo distinto para cada uno de los que aparecen en ella. Y por eso ese disparo, con los nervios de todos a flor de piel y a pesar de no ser el momento fotográfico típico de una boda, es tan importante. No es un retrato familiar cualquiera, es un retrato real que siempre estará cargado de historias.